domingo, 18 de mayo de 2008

Las huellas del último sufragio se esfumaron hace tiempo, bajo juramentos y nuevos aires de santidad, borrando, renovando; haciendo todo otra vez. Pero los instintos se agolpan en manadas cuando la fuerza de voluntad crece, cuando los impulsos son controlados y pausados...a pequeña escala.

Me abate contra la pared y se ríe, luego se da la vuelta y seduce mis neuronas con un olor relajante y venenoso, intoxicando las venas del espíritu que pone semillas al rededor de mi alma. Me mueve hacia la otra esquina y saca de mis bolsillos el pacto de honor, lo lee y se rie, se burla de mis principios y me acosa.

Las transgresiones se acumulan en un viejo saco de porcelana que está en mi lumbar, creándome una sensación de asco, escozor en las heridas que aun no sanan de la batalla anterior. la desnudez me avergüenza. No. Es más que desnudez, es el impulso constante, las ráfagas de impotencia que me carcomen la voluntad, una y otra vez ese insecto que traspasa horizontes de tolerancia. Sin treguas, ni paces. Solamente así....y punto.

Y no sé como haces para soportarlo, para al menos intentar estar cerca, para tenderle la mano al podrido gusano que ahora se arrastra por la arena caliente del sol de medio día. Todos te injurian diciéndote que no te acerques, que no vale la pena, incluyéndome...y aun así no haces caso.

Una y otra vez recoges los despojos de una vasija de basura protoplasmática que busca sin desenfreno una salida, que mata y esconde la mano cuando las manchas de sangre están en su pecho.

No lo soporto...y es mío, responsabilidad inminente del transgresor, culpa plena del que comete el delito.

Comienza el podrido ciclo…otra vez.

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